Historia, arte y literatura

El extraño tesoro de Ann Hodges

Cuando una se tumba a echar una siesta, lo que menos espera es que le caiga encima un meteorito. Hasta el 30 de noviembre de 1954 no le había ocurrido a nadie, durmiendo la siesta o no. Pero aquel día le pasó a Ann Hodges, un ama de casa de Sycalauga (una pequeña ciudad de Alabama, en Estados Unidos) que se había tumbado en el sofá después de la hora de la comida.

Lo más increíble de todo es que la mujer salió prácticamente ilesa del suceso, ya que la piedra espacial, de unos 3,8 kilos de peso, no impactó directamente sobre ella. Primero atravesó el techo de su casa, luego rebotó contra una radio (un electrodoméstico que era muy voluminoso en la época) y finalmente le dio a la pobre Ann en la cadera. Le provocó un buen moratón, pero nada más que eso.

A los pocos minutos, los vecinos de Sycalauga (muchos de los cuales habían visto o escuchado el meteorito al caer) ya abarrotaban la casa de Ann. Más tarde llegaron los reporteros (¡unos doscientos!) y hasta miembros de las Fuerzas Aéreas, que requisaron el pedrusco y se lo llevaron en helicóptero.

En aquel entonces, Estados Unidos y Rusia protagonizaban la llamada Guerra Fría, una época de tensión constante entre ambas potencias, y las autoridades americanas se temían lo peor: que los rusos estuvieran detrás de todo aquello. ¿Habrían desarrollado una tecnología que les permitía desviar meteoritos, convirtiendo a estos pedruscos espaciales en una especie de proyectiles? Lo cierto es que no: el meteorito de Ann Hodges era perfectamente natural.

De hecho, se trataba de un pedazo del meteorito original, que era mucho más grande y se había fragmentado en tres pedazos al entrar en la atmósfera. El segundo pedazo impactó en un área boscosa cercana y nunca fue encontrado. Pero el tercero, de 1,6 kilos de peso, fue hallado al día siguiente por un granjero a las afueras de Sycalauga. El hombre lo vendió rápidamente a una institución científica por una gran suma de dinero (tanto que pudo comprarse una casa y un coche nuevos).

Ann Hodges y su marido, cuya piedra pesaba más del doble, decidieron demandar a las Fuerzas Aéreas para recuperarla. Y acto seguido, la dueña de la casa en la que vivían los denunció a ellos, alegando que el aerolito era suyo porque había caído en su finca. La batalla legal se prolongó más de un año.

Ann recibió ofertas altísimas por el fragmento (¡de hasta 5.500 dólares de la época!), pero no pudo aceptarlas hasta que el juez resolviera aquel tremendo embrollo judicial entre ella, la dueña de su casa y las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos. Al final, el Ejército tuvo que devolver la roca espacial a Ann y su marido y ellos acordaron pagar 500 dólares a su casera a cambio de quedársela. Para entonces, Ann Hodges se había convertido en toda una celebridad.

A fin de cuentas, era la primera persona que recibía el impacto de un meteorito en toda la historia de la humanidad. Había aparecido en un sinfín de reportajes periodísticos y hasta llegó a participar como invitada famosa, junto a actores y deportistas, en programas de televisión de Estados Unidos. Pero la pobre mujer, al parecer, no llevaba bien la atención mediática constante (y encima sentía, y con razón, que le habían robado su valiosa piedra espacial).

Pasó varias veces por el hospital con ataques de ansiedad y síntomas de estrés postraumático. Y el desenlace de la historia no ayudó a que mejorara. Resulta que cuando Ann recuperó la piedra… ¡ya no fue capaz de venderla! Los compradores temían adquirirla y que luego les fuera incautada, como le había ocurrido a ella.

La mujer acabó donándola al Museo de Historia Natural de Alabama (donde todavía se expone, por cierto), se divorció e ingresó en una residencia con la intención de vivir tranquila, lejos de los reporteros (y los meteoritos) durante el resto de su vida. Ann Hodges murió en 1972, convencida de que todo aquello había sido una gran desgracia para ella. Lo cierto es que su curiosa experiencia demuestra que hay más formas (además de la evidente) de convertirse en víctima de un meteorito.