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Esa ballena de la que todo el mundo habla

MOBY DICK
HERMAN MEVILLE, 1851

Moby Dick es una de las novelas más conocidas de la literatura. Todo el mundo sabe cómo empieza («Llamadme Ismael») y más o menos de qué trata: un hombre se obsesiona con una ballena blanca que le ha dejado sin pierna y la persigue por medio mundo. Sin embargo, muy pocas personas la han leído, y es una pena porque, como La isla del tesoro o Los viajes de Gulliver, es uno de esos clásicos que pueden disfrutarse a cualquier edad. Habrá quien diga que el lenguaje de Moby Dick es complicado y que, por tanto, no es una novela para todas las edades. Se equivoca. Por suerte, tenemos adaptaciones estupendas para niños y adolescentes, algunas incluso para menores de 5 años. También hay ediciones ilustradas muy recomendables.

Geronimo Stilton incluyó Moby Dick en la colección «Grandes Historias», junto a otros clásicos como Peter Pan, Alicia en el país de las maravillas o Los tres mosqueteros

Además de la ballena (Moby Dick) y el capitán del barco obsesionado con cazarla (el capitán Ahab), el otro gran protagonista de la novela es Ismael, un marinero que, aburrido de la vida en tierra, se enrola en un barco, el Pequod, y emprende un viaje que nunca olvidará. En el Pequod, será testigo de los sentimientos más nobles (como la amistad), así como de los más infames (p. ej., los deseos de venganza). Entre sus amigos destaca Queequeg, un indígena de una isla del Pacífico. Gracias a él, Ismael aprenderá que en otros países hay costumbres distintas y personas con creencias diferentes a las suyas.

Herman Melville partió de algunos hechos reales para escribir su novela: la historia del ballenero Essex, que se enfrentó a un inmenso cachalote, y la de Mocha Dick, una ballena gigante

Al igual que ocurre en las películas del Oeste, en la novela también se produce un duelo, aunque en esta ocasión tiene lugar en alta mar y no es fácil decir quién es el bueno y quién el malo. La novela puede verse como la batalla del débil contra el fuerte, una especie de David contra Goliat. Pero también como la lucha de un animal por su supervivencia. Es posible que la lectura de las nuevas generaciones de lectores, más concienciadas con el cuidado de la naturaleza, sea distinta de la de los primeros lectores del libro, allá en el siglo XIX. Que una historia aguante así el paso del tiempo, y se ofrezca a distintas interpretaciones, es señal de su grandeza.