Ciencia

Las corrientes marinas

Mapa de Benjamín Franklin de la corriente del Golfo

El primer viaje que realizó Colón lo hizo desde España hacia el oeste navegando por encima del Trópico de Cáncer. Cuando estaban cerca de la costa americana se encontró con el Mar de los Sargazos, una zona cercana a las grandes islas del Caribe que está repletas de algas. En aquella zona con vientos débiles y la mar en calma, tanto la nao como las dos carabelas avanzaban con mucha lentitud, por lo que erróneamente los navegantes pensaron que se debía a las algas. En realidad las algas son más ligeras que el agua y no ofrecen ninguna clase de resistencia a la navegación, la fuerza que frenaba el avance de las embarcaciones era la Corriente del Golfo.


La ‘Aegagropila linnaei’, también conocida como Marimo en japonés, es un alga que flota en el agua durante el día pero se hunde de noche


Todos los océanos tienen corrientes que se originan porque el agua templada se mueve desde el Ecuador hacia los polos y el agua fría de los polos se dirige hacia el Ecuador por caminos distintos. Benjamín Franklin fue el primero que hizo un mapa que mostraba la existencia de un río que corría velozmente por el océano. A ese río se le llamó corriente marina. Benjamín estudió la Corriente del Golfo y descubrió que los barcos que seguían esa ruta hacia Europa tardaban dos semanas menos en llegar.


Benjamín Franklin fue un político e inventor estadounidense que entre otras cosas inventó el pararrayos, las lentes bifocales o el cuentakilómetros


Una de las aplicaciones más divertidas y emocionantes de las corrientes marinas son las botellas mensajeras. Los científicos arrojan al mar botellas con un mensaje dentro donde piden a quien las encuentren que devuelvan el mensaje para saber donde han aparecido y así establecer el posible recorrido de la corriente. También se han utilizado los mensajes dentro de las botellas para empezar bonitas historias de amor como la de Frank Hayostek y Breda O’Sullivan.