Arte y literatura

Rumbo a Terramar

 

©Studio Ghibli

Desde los acantilados de las costas de Selidor, mirando hacia el Confín del Poniente, a veces se otean sobre la mar lo que parecen lejanos albatros, pero los habitantes de aquellas tierras del ocaso saben que no son pájaros, pues los conocen demasiado bien. Saben que todavía existen, que habitan desde la antigüedad el Paso de los Dragones, y que el sol del atardecer produce destellos iridiscentes cuando baten sus alas con el ruido del trueno de tormenta.


Los kargos son un pueblo bárbaro, beligerante y expansionista, y la única raza blanca que puebla Terramar


El mundo de Terramar está poblado de cientos de islas que se surcan con vientos reales o con conjuros mágicos. En una de ellas, en la Isla de Gont, nació Ged, en una aldea de la montaña que se erige sobre el tormentoso Mar del Nordeste. Pero en el pronunciamiento de su nombre se esconde un gran poder, y por eso lo llaman Gavilán, porque solo unos pocos conocen su nombre verdadero. Gavilán es un hombre justo, que navega con el viento mágico cuando la aventura lo requiere, y que lucha denodadamente para que no se pierda la magia de los hechiceros que protegen Terramar.


Goro Miyazaki, hijo de Hayao Miyazaki, dirigió para Studio Ghibli la película «Cuentos de Terramar» en 2006


La escritora estadounidense de ciencia ficción Ursula Kroeber Le Guin  nos  relató todas las proezas de Ged, y del resto de protagonistas de esta saga de Alta Fantasía, hace más de cincuenta años, recopilándolas en cinco novelas y en varios cuentos y relatos, algunos de ellos casi imposibles de conseguir. Ursula nos enseñó que la esencia del ser humano está en la palabra, que el mayor poder es saber el nombre verdadero de las cosas, y que la naturaleza de la magia reside en conocer tales nombres. Porque esos nombres provienen del Habla Verdadera, con la que se creó el mundo y con la que todavía hoy se comunican los dragones.