Arte y literatura

Pequeños emprendedores

 

Hoy día, gracias a las oportunidades del mundo digital, se habla a menudo de crear nuevos proyectos y empresas. Es lo que hacen los emprendedores por todo el mundo. A veces, parece que para emprender hace falta mucho dinero o mucha experiencia. En general es cierto, pero en realidad se puede hacer a cualquier edad. Vamos a conocer a algunos de los más increíbles emprendedores del mundo…¡menores de edad!


Cualquiera puede crear un proyecto, desde vender limonada en verano a
montar una asociación para ayudar a otros o incluso una gran empresa


Javier Agüera, un chico madrileño, comenzó vendiendo limonada a los 11 años durante los veranos. Con 14 compraba carcasas y accesorios de móviles para sus compañeros de clase. Al cumplir 15 había traducido al español una página que vendía estos complementos. Apenas llegado a los 16 creaba Geeksphone, fabricando móviles con tecnología Open Source que se vendieron por todo el mundo.

Kayla Abramowich es una niña enamorada de su hermano, Ethan. Ambos sufren de enfermedades incómodas que les tenían cada poco en el hospital. Con 11 años, Kayla se preguntó qué podría hacer para ayudar a otros niños como ellos. Era muy joven para colaborar como voluntaria en el hospital, así que decidió recopilar juguetes, libros, películas… que posteriormente donaba a hospitales para ayudar a hacer más fácil la estancia hospitalaria. Desde su creación en marzo de 2013, la ONG de Kayla, Kayla Cares 4 Kids, ha repartido más de 22.000 DVDs, videoconsolas, libros y muchas cosas más.


Aunque según el MIT la edad media de los emprendedores de éxito es de alrededor de 40 años, hay cientos de emprendedores adolescentes que buscan hacer del mundo un lugar mejor


Lucía Sánchez nació en el año 2000 en España. Con apenas 10 años comenzó a ver vídeos en YouTube sobre cómo programar juegos. Le gustó tanto que con 12 años comenzó a desarrollar Spanish Driver con Scratch. En 2015 fundó Unicorn Gamer, con la ayuda de su padre. Ese mismo año lanzaba Crazy Block, que llegó a alcanzar casi 50.000 descargas en Google Play. Actualmente estudia y vive en Londres, ha lanzado una tienda online para vender «cosas cool» y sigue desarrollando juegos nuevos, como Smash Ball.

Winnifred Selby tenía apenas 17 años cuando decidió crear una empresa que fabricara bicicletas de bambú. Afrocentric Bamboo está ubicada en Ghana, y sigue a día de hoy fabricando un medio de transporte sostenible y asequible, por debajo de los 100 dólares. Además, como explica Winnifred, «los cuadros de bambú pueden transportar cargas pesadas y tienen una resistencia a la tracción mucho mayor que el acero». Ha formado a más de 40 personas en la fabricación y ensamblaje de las bicicletas. También han creado su propia plantación de bamboo, para tener materia prima y combatir la deforestación.


Emma McCabe tenía 13 años cuando se planteó en su Irlanda natal cómo mejorar la
vigilancia de las ovejas, creando para ello el proyecto Sheep Watch


Boyan Slat es un joven holandés nacido en 1994. Enamorado de construir artilugios, consiguió un record Guinness a los 14 años consiguiendo lanzar a la vez 213 cohetes de agua creados con botellas de plástico. Y precisamente el plástico cambió su vida…¡y las nuestras! Con 16 años, buceando durante unas vacaciones en el Mediterráneo descubrió que había más plástico que peces, así que decidió ponerle solución. Ideó un sistema para recoger el plástico del mar, lo presentó en una charla TED al año siguiente y fundó The Ocean Cleanup para limpiar de plásticos el océano. ¡Bravo Boyan!


Kiara Nirghin vive en Sudáfrica y con 16 años creó un tejido muy absorbente que permitía conseguir agua en zonas muy secas de manera barata y ecoeficiente


Y si comenzamos hablando de limonada, vamos a terminar igual. Mikaila Ulmer se presentó con 4 años a su primer concurso como emprendedora, y con 9 años obtuvo financiación en Shark Tank. Su proyecto Me & The Bees Lemonade tiene como objetivo principal utilizar los ingresos para cuidar de las abejas. O como la emprendedora nacida en 2006 explica, «compra una botella y salva a las abejas».