Arte y literatura

¿Y tú, cómo te llamas?

 

En España, cuando un bebé nace, los padres deben ir a un registro para dejar constancia por escrito de que ha nacido ese niño. En ese momento, los padres le dan un nombre, por el cual todo el mundo conocerá a esa persona, y dos apellidos. Hace unos años, los apellidos eran dos que correspondían al primer apellido del padre y al primero de la madre, por este orden. Actualmente, los dos apellidos pueden ser los del padre, de la madre, o uno y uno pero en orden inverso.


El nombre de una persona es por el que se le conoce. Los apellidos indican a qué familia pertenece


En la antigua Roma, el sistema de nombres funcionaba un poco distinto al actual, y en las distintas lenguas europeas quedan rastros de este origen. Los romanos se agrupaban por grandes familias. Dentro de cada familia había un padre, que era el jefe y era llamado pater familias; una madre, que era respetada; y muchos hijos. Cada uno de estos hijos e hijas se casaría con gente de otra familia (o incluso de la misma) y crearían, por decir así “subfamilias”.


Los romanos tenían un concepto muy importante de la familia. Lo que decía el pater familias tenía, casi, rango de ley


A cada familia se la conocía por un nombre común. Para los romanos, esto era el nomen: estaba la familia nomen, la familia Iulia, la familia Tulia, la familia Servia… Sería, por así decir, nuestro apellido. Para distinguir a cada miembro de la familia, se le ponía un praenomen. Así, podíamos encontrar a Marco Tulio, a Lucio Sergio, a Cayo Julio… El primero designaba a la persona, y el segundo a la familia.

En último lugar, los romanos ponían un cognomen, que designaba, o bien una subfamilia, o bien era un apodo de la persona en cuestión. Podíamos encontrar a Cayo Julio César (César quería decir “cabellera”), o Marco Tulio Cicerón (Cicerón significa “garbancito”, por su nariz redonda). Estos dos eran cognomen en forma de apodo. Pero podía ser Publio Cornelio Emiliano, de la familia Cornelia, subfamilia Emilia; o Quinto Tulio Cornelio, de la familia Tulia, subfamilia Cornelia.


Las lenguas romances son aquellas que descienden del latín. Todas comparten características que las hacen hermanas, y diferencias que las hacen únicas. Así, el catalán, el castellano, el francés o el italiano, por ejemplo, son lenguas romances


En las lenguas romances, el sistema para reconocer a una persona se sirve de aquel antiguo sistema. Pero en castellano, nombre (que desciende de nomen) es para distinguir a la persona y, los apellidos (serían el cognomen), para indicar la familia. En catalán, nom, es el nombre y cognom los apellidos. En francés, sin embargo, prenom equivale a nuestro nombre y proviene del praenomen romano, mientras que nom es el equivalente a nuestro apellido. Mucho más parecido al francés.

Como ves, de un antiguo sistema romano han aparecido distintas ramas y variantes que hacen que cada lengua sea única. Cada sistema tiene un sistema concreto para que cada persona sea también única. Así, y volviendo al inicio…¿Tú, cómo te llamas?