Arte y literatura Libros

Un escritor entre robots

ISAAC ASIMOV

RUSIA 1920 – ESTADOS UNIDOS 1992

Isaac Asimov era un “escritor compulsivo”, según él mismo se definía. Cada mañana a las 7:30h se sentaba delante de su máquina de escribir y trabajaba hasta las diez de la noche, siete días de la semana. Asimov mantuvo la misma rutina durante décadas y, gracias a ello, se convirtió en uno de los escritores más prolíficos del siglo XX. Vendió su primer relato a los 18 años y a lo largo de su vida escribió cerca de 500 títulos entre novelas de misterio, ensayos, recopilaciones de cuentos y libros científicos. Pero sin duda, el género que le hizo famoso fue la ciencia ficción.


Entre sus obras más conocidas se encuentran La Fundación, una trilogía futurista en la que la humanidad ha fundado un imperio galáctico, y la recopilación de cuentos Yo, robot


Asimov era bioquímico de formación y aplicaba sus conocimientos científicos a la historias que escribía. Le gustaba imaginar cómo sería la vida en el futuro y acertó en muchas de sus predicciones. Hace más de cincuenta años, pronosticó que las llamadas telefónicas serían videollamadas, imaginó que existirían coches autónomos sin conductor y que los humanos exploraríamos el planeta Marte en misiones no tripuladas.


Asimov no solo acertó las predicciones tecnológicas: también predijo que la superpoblación supondría un problema para el planeta y que no todas las personas podrían disfrutar de las nuevas tecnologías


Una de las contribuciones científicas más importantes de la literatura de Asimov fue la formulación de las Tres Leyes de la Robótica. La Primera Ley dice que un robot no puede hacer daño a un ser humano ni permitir que sufra; la Segunda Ley expone que un robot debe cumplir las órdenes de los humanos, excepto si entran en conflicto con la Primera Ley; la Tercera Ley establece que un robot debe protegerse a sí mismo, siempre que no incumpla ninguna de las otras leyes.

El objetivo de este código ético era impedir que los robots se rebelasen contra los humanos. Hoy en día, cuando existen máquinas que ni siquiera Asimov habría imaginado, el debate es más apropiado que nunca.

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