Ciencia

Brillante, diminuta… ¡y muy peligrosa!

Imagen: Wikipedia

RANA DARDO DORADA

¿Cuál es el animal más venenoso del mundo? ¿Las serpientes? ¿Los escorpiones? No, el animal más tóxico del mundo es la rana dardo dorada, un pequeño anfibio de 5 centímetros que vive en las selvas de Sudamérica, en la costa del océano Pacífico. El veneno que cubre su piel, llamado batracotoxina, es tan fuerte que podría matar a una persona adulta, paralizando los músculos y la respiración en pocos minutos.


El veneno afecta el funcionamiento de las neuronas, las células encargadas de transmitir las señales entre el cerebro y los músculos


Sorprendentemente, la rana dardo dorada no produce el veneno por sí misma sino que lo obtiene a través de su alimentación, rica en hormigas y otros insectos que poseen los compuestos químicos necesarios para crear las toxinas del veneno. De hecho, si una de estas ranas nace en cautiverio y es alimentada con otro tipo de insectos, deja de ser tóxica.

Las ranas dardo no utilizan su superpoder tóxico para cazar, sino para escapar de los depredadores. Para evitar que otros animales intenten comérselas, exhiben unos colores muy vistosos que contrastan con el entorno. Es como una advertencia: su piel de color amarillo brillante puede verse desde lejos y alerta de su naturaleza tóxica, una estrategia defensiva que también emplean otros animales.


Algunas comunidades indígenas frotan la punta de sus flechas en la piel de esta rana para cazar a sus presas: de ahí el nombre de “rana dardo dorada”


Gracias a estas características, las ranas amarillas no necesitan esconderse de los depredadores y son diurnas, a diferencia de la mayoría de anfibios que pasan el día en su guarida y solo salen de noche.

Desafortunadamente, esta especie está en peligro de extinción debido al tráfico de animales salvajes, las epidemias y la deforestación de su hábitat natural. A pesar de su diminuto tamaño, la rana dardo dorada tiene una función muy importante en el ecosistema selvático y las toxinas de su veneno se utilizan con fines medicinales: ¡por eso hay que protegerlas!

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