Arte y literatura

De templo de las Musas a templo del conocimiento: el Museo

Mosaico de las muses (s. IV). Villa de Torre de Palma, Portugal

 

La palabra castellana museo proviene, en última instancia, de la palabra griega Mουσαῖον (Musaîon), que era un templo dedicado a las nueve Musas. Estas, hijas de la diosa Memnósine, la Memoria, representaban, cada una de ellas, los distintos artes de la antigüedad.


Las musas eran las portadoras de las nueve artes, acompañantes del dios Apolo e inspiradoras de los mejores hombres: poetas, historiadores, músicos…


Las musas eran: Calíope, cuyo nombre significa ‘La de bella voz’, protectora de la elocuencia y de la poesía épica (la que habla de dioses y héroes, como Ulises o el Cid); Clío, la Gloriosa, era la musa de la historia; Erató, la Amorosa, se encargaba de hacer prosperar la poesía lírica y la de amor. A su vez, Euterpe, La del buen placer, se encargaba de la música; Melpómene, la Melodiosa, de la tragedia; Talía, la Festiva, de la comedia; Polímnia, La de muchos himnos, de los cantos sagrados. También estaban Terpsícore, la bien danzante, que protegía la danza; y, finalmente, Uranía, la Celestial, protectora de la astronomía.


Para los griegos, y posteriormente los romanos, las musas representaban todo aquello que una persona sabia debía dominar. Muchos poetas empezaban sus poemas invocando a la Musa para certificar un relato verdadero


Con el paso del tiempo, la gente dejó de creer en las musas, aunque, no obstante, seguía habiendo ‘museos’, antiguos templos de las musas donde se habían aplegado centros de saber: un ejemplo claro era la Biblioteca de Alejandría, parte de un complejo arquitectónico dedicado a las musas. Estos lugares almacenaban conocimiento, fuera este de la índole que fuera: se estudiaban documentos escritos, se conservaban muestras de ejemplares animales, de restos geológicos… todo lo que pudiera ser estudiado.


Los museos, que habían sido originalmente templos dedicados a las musas, acabaron siendo lugares donde reunir ‘el saber’


Estos lugares fueron cambiando de forma y de lugar, dependiendo de la época y del contexto sociopolítico que aconteciese. A pesar de ello, durante gran parte de la historia de la humanidad ha habido lugares donde se reunía el saber: bibliotecas, monasterios, abadías… y museos. Museos tal y como los entendemos hoy, tan importantes para cualquier tipo de ciencia actual, donde podemos ver muestras de especies animales vivas o extintas, restos de meteoritos o fragmentos de cerámica griega que nos transportan a miles de años atrás. ¡Seguro que, hoy en día, las musas siguen protegiendo su saber!