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¿Llueve? ¡Busca la señal de la diosa!

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En la mitología griega, Iris era la mensajera entre los dioses. Para los antiguos griegos, Iris era una de las diosas más bellas, una joven con alas doradas. Su medio natural era tanto el mar como el cielo, pues su padre, Thaumas, fue un dios marino, y su madre, Elektra, una ninfa de las nubes.

El nombre de la diosa Iris se usó para nombrar el arco iris, por el parecido con su túnica de brillantes colores.

Iris era capaz de viajar a la velocidad del viento ¡podía atravesar todas las regiones del mundo en un abrir y cerrar de ojos! Siempre estaba en contacto con Hera, y, como podéis intuir, era también la responsable de que podamos ver el arco iris.

El arco iris se origina cuando los rayos del sol atraviesan pequeñas gotas de agua contenidas en la atmósfera.

Los griegos que habitaban en las costas veían mejor el arco iris en la distancia entre las nubes y el mar: por eso creían que la diosa reponía las nubes de lluvia con agua del mar. El arco de Iris fue la señal de los dioses que ella misma llevó a los humanos para sellar un pacto: la tormenta había acabado.

Los rayos del sol son de color blanco, que es la suma de todos los colores. El color, en física, se puede medir: se le llama «longitud de onda» o «frecuencia».

Cuando la luz blanca atraviesa la gota de agua, cada color que la forma se separa de los demás, y sale en una dirección diferente. Este fenómeno se llama «refracción», y se debe a que la luz viaja a velocidades diferentes en el aire y en el agua.

A veces puede verse un segundo arco, porque parte del rayo de sol se refleja dentro de la gota antes de salir. Este segundo arco tiene los colores ordenados al revés que el primero. ¡Como si se miraran al espejo!

En otros idiomas, el arco iris recibe nombres diferentes. Por ejemplo, en catalán se llama «arc de Sant Martí»: el santo se enfrentó al mismísimo demonio para ver quién construía el arco más espectacular. ¿Adivináis quién ganó? En otras lenguas y culturas el arco iris recibe otros nombres: el collar de Ishtar para los antiguos babilónicos, el puente de Bifröst de los vikingos, el ostadar vasco (el cuerno de Ortzi, dios del trueno), el «arco da vella» (arco de la vieja) en gallego… los antiguos explicaban la naturaleza contándose historias de santos y dioses. Hoy, usamos la ciencia para entender lo que vemos a nuestro alrededor. ¿No es interesante?