Ciencia

Seres de gelatina

© medusas.org

MEDUSAS

Transparentes, gigantes, diminutas, invertidas, parecidas a un huevo frito o incluso inmortales… Estas son algunas de las características de las medusas que habitan en nuestros mares y océanos. Existen alrededor de 2.000 especies de estos invertebrados que aparecieron en la Tierra hace más de 500 millones de años, mucho antes que los dinosaurios. Compuestas por un 95% de agua, la más larga puede llegar a medir hasta 36 metros y la más pesada puede pesar hasta 220 kilos.

Las medusas no tienen corazón ni cerebro, pero eso no les impide nadar de forma incesante en busca de crustáceos y larvas de peces para alimentarse. Cuentan con un sistema digestivo muy simple: una misma boca por la que ingieren la comida y después expulsan los desechos. Además, esa única abertura también la utilizan como mecanismo de propulsión a chorro.

Los científicos están preocupados porque en los últimos años se ha producido un aumento de estos gelatinosos animales en las playas debido al cambio climático, la contaminación y la sobrepesca, que elimina a sus principales depredadores, como las tortugas marinas y algunos peces grandes. Por eso, estas bellas criaturas se han convertido en un problema para los bañistas, ya que las células urticantes de sus tentáculos provocan unas picaduras bastante dolorosas.

Para combatir la superpoblación de medusas, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) recomienda que se incluyan en la dieta. ¿Te parece extraño? En realidad, las medusas tienen un gran contenido nutritivo y se consumen habitualmente en países como China o Japón. Algunos restaurantes españoles ya las utilizan para hacer ensaladas o tempuras, y con la harina de medusa se pueden hacer galletas, pan e incluso ¡pizza!

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