Cine y series

El bel canto de una pulga

©Bibo Films

UN MONSTRUO EN PARÍS

Bibo Bergeron · Francia 2011

¡La que puede armar una pulga! Sobre todo si se ve sometida accidentalmente a un experimento que la convierte en un monstruo de dos metros capaz de cantar las más bellas melodías. ¿Pero quién se detendría a escucharla? ¿Le darías una oportunidad si llegara por sorpresa desde la otra punta de la ciudad hasta la ventana de tu habitación? Porque eso es lo que haría una pulga gigante, lo mismo que hacen las diminutas: saltar. Las pulgas reales miden solo un par de milímetros pero en un segundo pueden saltar desde el suelo y situarse a la altura de los ojos de un jugador de baloncesto.

Francoeur, la pulga de la película, recibe una única oportunidad. Se la da la cantante de cabaret Lucille, la primera que se detiene a escucharla y quien la invitará a cantar con ella en el escenario. El susto inicial pronto queda reemplazado por la fascinación. Nos pasa a menudo. Rechazamos lo raro hasta que nos atrevemos a conocerlo y entonces descubrimos que algo bonito nos estaba pasando por alto. Lo mismo le pasó a Christine, la protagonista de El Fantasma de la ópera, una obra con muchos puntos en común con Un monstruo en París. Aunque el fantasma, lleno de envidia y celos, es bastante más oscuro que Francoeur.

Quizá sea porque los responsables del experimento son los buenos de Émile y Raoul, y de ellos no puede salir nada malo. Uno es un chico tímido apasionado por el cine; y el otro, un inventor fanfarrón pero entrañable. Los dos, personas curiosas con inquietud. Nada que ver con el orgullo y ambición de Maynott, el director de la policía, que quiere cazar a Francoeur y está dispuesto a todo solo en busca de su propio beneficio.